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sábado, 18 de febrero de 2012

Tecnologías en la educación, de lo que se mide

Tecnologías en la educación, de lo que se mide

Con relación a la historia de la informática en y para la educación hay múltiples elementos que se podrían analizar, pero quiero centrarme en una idea que se expresa en el documento de apoyo para la construcción de los Planes TAC de las escuelas de Cataluña, allí se plantea la existencia de tres momentos en esta historia. Uno de esos momento fue cuando la informática fue un objeto de estudio y la pregunta era ¿qué se enseña de informática?; el segundo momento sería cuando se pensaba en cómo hace la integración de las TIC al currículo y el tercero, que se supone es el actual, es cuando se deja de poner el énfasis en las TIC y se pone donde la educación más lo necesita que es en las estrategias para fortalecer el aprendizaje -el aprendizaje más que la enseñanza que es en donde muchos nos quedamos a veces, manteniendo así el ojo en el profesor-.

Aunque se supone que estas han sido etapas que pueden  ubicarse por períodos históricos encuentro que es posible que muchas instituciones e incluso muchas políticas se muevan aún en las que se supone fueron etapas pasadas, es decir todavía se hacen la pregunta de qué enseñar o de cómo vincularlo en el currículo con un afán principalmente tecnológico o podríamos decir, instrumental, ejemplos como estos pueden verse en el informe “Cuatro casos, cuatro historias en el uso educativo de las TIC”. Retomo estos tres momentos porque considero que reflejan los presupuestos ontológicos que guían la construcción de las estrategias de incorporación de TIC en la educación ya sea para la enseñanza, para el aprendizaje, para la evaluación o todo ello integrado en las instituciones educativas. En este sentido, en una institución determinada o para un docente, los presupuestos que sustenten su idea de las TIC en la educación entrarán en juego con los presupuestos que tiene acerca de la evaluación, no es que unos sean determinantes de los otros si no que a través de un diálogo entre unos y otros, se irán construyendo las prácticas docentes y las prácticas institucionales.

Enfoco estos elementos con el ejemplo de la aplicación de las pruebas PISA-ERA de 2009 donde se evaluó lo que ellos llamaron “lectura digital”, aunque para Luna (2011)  el tipo de prueba no mide la “lectura digital” sino la “habilidad de los estudiantes como usuarios de internet”. Algunas de las tareas que se indica mide la prueba son “valorar la veracidad o fiabilidad de una página web, analizar una lista de posibilidades dentro de un texto descriptivo sobre empleo, distinguir entre idea principal y secundaria en un texto expositivo cinetífico, seguir un enlace de resultados de una búsqueda empleando una consigna explícita, comparar textos de diferentes páginas o integrar información de una página web y un blog personal.” (Luna, 2011: 33). Desde mi punto de vista, estas tareas estarían conectadas también con lo que se conoce como Competencias del Manejo de la Información CMI que que no solo son propias de los entornos digitales. ¿No es también valioso reconocer la fiabilidad de una fuente impresa? A veces se termina por creer que los textos impresos tienen verdades, como si fueran incuestiobles o no fueran escritos también por personas, mientras que los textos en soporte digital, o más específicamente la información disponible en internet, solo por su medio tiene más razones para ser puesta en duda.

Ahora bien, estas tareas que se propone medir la prueba de “lectura digital” pueden entrar en cualquiera de las lógicas de apropiación de TIC para la educación que mencioné antes. A un estudiante se le podría “enseñar” a utilizar el ordenador y los navegadores de Internet con sus partes, la información contextual etc -mirada como objeto de estudio-; o se le podrían dar actividades de búsqueda de información en Internet para cualquier asignatura, donde la retroalimentación le ayude a practicar las tareas que se propongan; o por último, se pueden concebir estrategias más innovadoras que aporten a la capacidad de gestionar información en medios y contextos variados lo que permitiría que estuvieran preparados para realizar las tareas.  Quizá el alfabetismo lector debería ampliarse para entender como lo propone Freire citado por Larkshear (2010) que ser alfabeto es más que leer textos, es leer el mundo, pero no por ello se esta centrando en un medio u otro, ni privilegiando un tipo de lenguaje sobre otro, ya que lo que se termona haciendo es una separación de contextos y medios y no una complejización de competencias.

Lo que hará significativa la formación de los estudiantes para el desarrollo de este tipo de tareas que se suponen le ayudan a adquirir la capacidad de “lectura digital” o como lo menciona Luna (2011) la “habilidad de ser usuario de internet” es la concepción que la institución y en particular los docentes tengan al respecto. Es decir, el uso de tecnología se puede evaluar a través de pruebas de conocimientos, de formación basada en competencias, de evaluación continuada, o de la evaluación de productos... todo va a depender de cuál sea el papel que se le de a la tecnología en la educación, es decir como lo mencionaba antes de la perspectiva ontológica con la que se conciba ya que no existe esa realidad que en ocasiones parece pensarse posible según la cual el sólo uso de una herramienta transforma la configuración didáctica de un proceso. Puede ser una de las aristas de una práctica más o menos exitosa, pero no es la única.

Antes de terminar una reflexión ¿Qué pasa cuando una dimensión como esta de “lectura digital” entra a formar parte de una prueba estandarizada de reconocimiento internacional como PISA? Por un lado, pone a la luz algunas dimensiones que quizá para algunos sistemas educativos están en zonas de menor desarrollo como la comprensión de que la formación de los estudiantes ya no siquiera para el presente sino como debe ser, para el futuro, requiere tener en cuenta dimensiones que van más allá de los entornos tradicionales, de modo que en  estos sistemas se vean en la necesidad de evidenciar crear o transformar el papel de los medios para la educación y la educación en los medios, eso podría llegar a ser positivo. Pero por otro lado, puede llegar a limitar la concepción que los centros hagan de los medios digitales en tanto el objeto de evaluación resulta ser muy reducido. Muchos se prepararán para que sus estudiantes cumplan esos mínimos y no verán más allá.

Se corre un riesgo extra, que tiene que ver con continuar aumentando la segmentación, ahora además de tener áreas de conocimiento como espacios independientes (matemáticas, inglés, lenguaje, biología, etc.) se tienen entornos independientes, diferenciando entre lectura en impreso y en digital se generan barreras para la construcción del aprendizaje. No niego con esto el papel que el medio, los tipos de contenido, los lenguajes, las opciones de interactividad y toma de decisiones influyan en la comprensión lectora, Coiro (2003) recoge tres elementos a la hora de hablar de comprensión lectora: el texto, la actividad de leer y el lector; la modificación de ellas o sus variaciones tendrá efectos entonces en la comrpensión, lo que me parece poco pertinente es independizar el rol de la lectura digital como una espacio diferente de la comprensión lectora en general, que sería como separar la capacidad crítica a capacidad crítica en entorno digital, o la capacidad argumentativa a argumentación digital; cuando parte de la competencia sería tener la capacidad de actuar en contexto y el medio hace también parte de dicho contexto.

Con esto lo que me planteo es si lo que evalúa esta prueba tiene sentido y si tiene sentido separar de ese modo el contexto de lo digital, si debe hacerse como un “tipo de lectura” independiente; si en realidad vale la pena seguir segmentando ya no sólo áreas de conocimiento sino ahora también lenguajes y entornos; si quizá lo que necesiten los procesos de innovación en enseñanza, aprendizaje y evaluación no es más bien la capacidad de integrar y dar coherencia a modo más holístico en vez de seguir separando, y si para lograr esa adecuada integración no sería útil poner de manifiesto las concepciones de uso de las TIC y de la evaluación de aprendizajes de modo que se entretejan procesos que aporten al desarrollo de las competencias acordes al desarrollo de nuestra sociedad futura.

Referencias

Corio, J (2003) Comprensión de lectura en internet: ampliando lo que entendemos por comprensión de lectura para incluir las nuevas competencias  En Eduteka [Consultado el 16/02/2012]    http://www.eduteka.org/ComprensionLecturaInternet.php

Departament d'Educació (2009) El plan TAC del centre http://www.xtec.cat/recursos/tac/platac.pdf  [Consultado el 16/02/2012]

Lankshear, C. Knobel, M (2008 Segunda edición) Nuevos alfabetismos. Su práctica cotidiana y el aprendizaje en la escuela. Madrid: Morata

Sancho, J. Alonso, C. (2010) Cuatro casos, cuatro historias de uso educativo de las TIC http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/17122   

Preguntas PISA-ERA http://erasq.acer.edu.au/index.php

martes, 17 de enero de 2012

El evaluador y una (de tantas) razón para evaluar

Estamos un entorno socialmente convulsionado en el que se cuestiona tanto el papel como la calidad de la educación. Los cuestionamientos a la educación asumen diversas perspectivas, van desde la reflexión por sus contenidos hasta el manejo de su financiación, pasan por los medios que se utilizan en ella y también por los mensajes implícitos de su gestión administrativa. Hay inquietud por la mala formación de los alumnos y también por la mala calidad de los docentes; y entre unos y otros se juegan la “culpa” de la situación.

Se pone en duda el papel de la educación y también su calidad, se lucha por su cobertura. Que todos tengan educación gratuita... ¿aunque sea la que se ofrece hoy en día?

Dos elementos frente a la evaluación: el evaluador y una (de tantas) razón para evaluar

El evaluador

Hay un principio de la cibernética de segundo órden que me atrajo mucho cuando lo conocí en el contexto de la terapia sistémica y es que lo que alguien dice de algo/alguien dice más del observador que de lo observado. Saliendo del contexto de la terapia y pasando a los entornos educativos, he encontrado que este principio ofrece una posibilibad de comprensión de sentido de las relaciones que se establecen en diversos ámbitos, entre ellos el de la evaluación educativa.

El producto de una evaluación educativa -en sus distintas formas- esta dicho por alguien o por un grupo, y responde a unos propósitos de evaluación que no pueden considerarse ni neutros ni universales. El proceso de la evaluación esta tramado por la realidad de los actores educativos, por las perspectivas personales y profesionales de los evaluadores y por los propósitos e intereses de quien demanda la evaluación. Hay allí un juego de relaciones de las cuales el evaluador no se puede sentir independiente pues, más grave que actuar con sesgos y prejuicios es no estar en capacidad de reconocer que estos se tienen. Biológicamente tenemos un punto ciego, socialmente tenemos muchos más.

Dicen que se ven mejor los toros detrás de la barrera; un evaluador externo podrá ver lo que no ven los actores educativos, por ello debe atender bien a los propósitos de su evaluación para lograr aportar en vez de generar juicios y categorizaciones. Si la evaluación no aporta a los actores educativos, no sirve.



Una (de tantas) razones para evaluar

Santos (2010) indica que el evaluar no es algo positivo en sí mismo, además de que se necesita poner sobre la mesa cuál es la concepción de evaluación en un contexto y momento determinado, se requiere claridad para entender cómo la evaluación ayudará en la toma decisiones para la mejora. Evaluar por evaluar conlleva gastos más que inversiones. Teniendo en cuenta lo anterior, entiendo la evaluación educativa como una oportunidad para reflexionar, para aprender y para mejorar, pero esto no va a suceder mientras la evaluación se realice únicamente por cumplir criterios exigidos por los sistemas de acreditación de calidad, en el caso de Colombia, criterios a los que las instituciones no les encuentran sentido más allá de sostener una acreditación que les permita funcionar.

Santos (2010) menciona que una de las razones por las cuales es pertinente realizar evaluaciones institucionales de la Universidad es el principio de colegiabilidad, que esta relacionado con la fragmentación que viven los estudiantes en formación, quienes participan de muchas asignaturas en procesos de aprendizaje aislados y que pretenden luego ser el sustento para certificar la formación profesional. Esta formación a través de la áreas compartimentalizadas de conocimiento podría implicar fallas en la formación profesional que una buena evaluación institucional puede detectar para ofrecer acciones de apoyo al respecto.

Si nadie se hace cargo de las interelaciones entre unos y otros momentos, entre unas y otras construcciones de conocimiento, cómo se garantiza la calidad de ese profesional... y si hablamos en términos globales de competencias, ¿quién responde por su ser, su hacer y su pensar?

Por ello, un proceso de evaluación que mira los diferentes elementos y actores de modo disgregado esta hablando de quien la realiza y de sus concepciones al respecto, de su forma de comprender la evaluación y de ser responsable de ella. El evaluador, así como el profesor, así como el estudiante y el resto de actores educativos requiere asumir una responsabilidad de conjunto que trascienda el resultado de un informe.

Evaluar la universidad -y el resto de instituciones educativas- es hacerse responsable del papel de la educación en la sociedad. No se puede ser solo un productor de profesionales... eso pierde legitimidad cuando lo que se necesitan son actores sociales preparados para trasnsformar nuestras sociedades y no para reproducirlas.



Un par de artículos al respecto 


Referencia


Santos Guerra, Miguel Ángel (2010) Por qué y para qué la evaluación en la educación superior. Evaluación y calidad en la educación superior. Universidad de Huelva.