martes, 17 de enero de 2012

El evaluador y una (de tantas) razón para evaluar

Estamos un entorno socialmente convulsionado en el que se cuestiona tanto el papel como la calidad de la educación. Los cuestionamientos a la educación asumen diversas perspectivas, van desde la reflexión por sus contenidos hasta el manejo de su financiación, pasan por los medios que se utilizan en ella y también por los mensajes implícitos de su gestión administrativa. Hay inquietud por la mala formación de los alumnos y también por la mala calidad de los docentes; y entre unos y otros se juegan la “culpa” de la situación.

Se pone en duda el papel de la educación y también su calidad, se lucha por su cobertura. Que todos tengan educación gratuita... ¿aunque sea la que se ofrece hoy en día?

Dos elementos frente a la evaluación: el evaluador y una (de tantas) razón para evaluar

El evaluador

Hay un principio de la cibernética de segundo órden que me atrajo mucho cuando lo conocí en el contexto de la terapia sistémica y es que lo que alguien dice de algo/alguien dice más del observador que de lo observado. Saliendo del contexto de la terapia y pasando a los entornos educativos, he encontrado que este principio ofrece una posibilibad de comprensión de sentido de las relaciones que se establecen en diversos ámbitos, entre ellos el de la evaluación educativa.

El producto de una evaluación educativa -en sus distintas formas- esta dicho por alguien o por un grupo, y responde a unos propósitos de evaluación que no pueden considerarse ni neutros ni universales. El proceso de la evaluación esta tramado por la realidad de los actores educativos, por las perspectivas personales y profesionales de los evaluadores y por los propósitos e intereses de quien demanda la evaluación. Hay allí un juego de relaciones de las cuales el evaluador no se puede sentir independiente pues, más grave que actuar con sesgos y prejuicios es no estar en capacidad de reconocer que estos se tienen. Biológicamente tenemos un punto ciego, socialmente tenemos muchos más.

Dicen que se ven mejor los toros detrás de la barrera; un evaluador externo podrá ver lo que no ven los actores educativos, por ello debe atender bien a los propósitos de su evaluación para lograr aportar en vez de generar juicios y categorizaciones. Si la evaluación no aporta a los actores educativos, no sirve.



Una (de tantas) razones para evaluar

Santos (2010) indica que el evaluar no es algo positivo en sí mismo, además de que se necesita poner sobre la mesa cuál es la concepción de evaluación en un contexto y momento determinado, se requiere claridad para entender cómo la evaluación ayudará en la toma decisiones para la mejora. Evaluar por evaluar conlleva gastos más que inversiones. Teniendo en cuenta lo anterior, entiendo la evaluación educativa como una oportunidad para reflexionar, para aprender y para mejorar, pero esto no va a suceder mientras la evaluación se realice únicamente por cumplir criterios exigidos por los sistemas de acreditación de calidad, en el caso de Colombia, criterios a los que las instituciones no les encuentran sentido más allá de sostener una acreditación que les permita funcionar.

Santos (2010) menciona que una de las razones por las cuales es pertinente realizar evaluaciones institucionales de la Universidad es el principio de colegiabilidad, que esta relacionado con la fragmentación que viven los estudiantes en formación, quienes participan de muchas asignaturas en procesos de aprendizaje aislados y que pretenden luego ser el sustento para certificar la formación profesional. Esta formación a través de la áreas compartimentalizadas de conocimiento podría implicar fallas en la formación profesional que una buena evaluación institucional puede detectar para ofrecer acciones de apoyo al respecto.

Si nadie se hace cargo de las interelaciones entre unos y otros momentos, entre unas y otras construcciones de conocimiento, cómo se garantiza la calidad de ese profesional... y si hablamos en términos globales de competencias, ¿quién responde por su ser, su hacer y su pensar?

Por ello, un proceso de evaluación que mira los diferentes elementos y actores de modo disgregado esta hablando de quien la realiza y de sus concepciones al respecto, de su forma de comprender la evaluación y de ser responsable de ella. El evaluador, así como el profesor, así como el estudiante y el resto de actores educativos requiere asumir una responsabilidad de conjunto que trascienda el resultado de un informe.

Evaluar la universidad -y el resto de instituciones educativas- es hacerse responsable del papel de la educación en la sociedad. No se puede ser solo un productor de profesionales... eso pierde legitimidad cuando lo que se necesitan son actores sociales preparados para trasnsformar nuestras sociedades y no para reproducirlas.



Un par de artículos al respecto 


Referencia


Santos Guerra, Miguel Ángel (2010) Por qué y para qué la evaluación en la educación superior. Evaluación y calidad en la educación superior. Universidad de Huelva.

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